viernes, 25 de enero de 2008

La aldea en el crepúsculo


En este sol de la tarde
brilla la cal. Por la escala
azul y verde del viento
suben a pie las campanas.

En los aleros con lumbre
se asoma la madrugada!

Se empina el pueblo en el aire
para sorber la distancia:
se empina a mirar la luna
y los nevados de plata.

En los cafetales verdes
la brisa tibia descansa
¡y el corazón de los niños
conversa con las mañanas!

Por Antonio García

jueves, 17 de enero de 2008

Balada N. 1



Todas las penas llevan una llama de aliento.

Todas las amarguras tienen luz por dentro.

Todas las penas tienen su íntimo universo.

Toda llaga alimenta una raíz de ensueño!



Y sin embargo existe

una pena sin eco

¡de quien todo lo tiene

pero ha perdido un sueño!



Antonio García





jueves, 3 de enero de 2008

Canción de la luz




Tanta luz en mi alma!
Tanta luz en la tierra
y en el fondo de todas
las cosas que la pueblan.

Tanta luz en la fuente
tan delgada y enhiesta,
y en el agua que toma
la forma de la acequia.


La luz del universo
cabe en mi alma pequeña!


Tanta luz en mi alma,
ardiendo en la tiniebla,
Tanta luz desprendida
de una lejana estrella,

Tanta luz que palpita
en el mar y en la tierra!


Y sin embargo siento
la recòndita pena
¡Si la luz es inútil
para quien nada espera!


Antonio García




lunes, 17 de diciembre de 2007

Puerto Colombia

En la bahía desierta
una ala roja, otra blanca
el mar la busca en el puerto.
La busca y no puede hallarla!
Contra el espolón del muelle,
la espuma deja su escama.
Un bosque de algas marinas
va sobreaguando en las playas.
El mar la busca en el puerto
contra las verdes barandas.
Cómo palpita la ola
debajo de las arcadas
el muelle parte la mar:
una ala roja, otra blanca!
Los veleros, en la brisa,
quieren soltar las amarras
¡y el mar la busca en el punto
la busca y no puede hallarla!
Antonio García

domingo, 9 de diciembre de 2007

Canción del mar

Por un bosque de veleros
una golondrina pasa
¡las velas quedan temblando
por ir detrás de las alas!
El viento viene del mar.
La brisa de la montaña.
Y las olas de los puertos
llegan a la madrugada:
La aldea va a recibirlas
a la estación de la playa
¡Bajo los arcos de piedra
deja la sal de sus lágrimas!
Los pinares de la sierra
Llegan al borde del agua.
El viento viene del mar.
La brisa de la montaña.
¡Qué esfuerzos hace la flor
por florecer en la playa!
Su raíz ¡qué valerosa
luchando en la arena amarga!
Por el bosque de veleros
una golondrina pasa.
¡Cuando te hagas a la mar
la encontrarás en tu alma!
Por Antonio García